Cuando se habla de la alimentación, lo más habitual es enfocarlo siempre desde temas como el peso, la digestión, la energía o hasta el estado de ánimo. Lo cierto es que existe una parte que se queda fuera de las conversaciones y que está implicada con todo lo que se come: la boca.
No solamente hablamos de si algo puede engordar o no, sino de cómo algunas dietas, hasta las que se consideran saludables, pueden tener consecuencias en los dientes y las encías. Piensa que lo que comes también deja huella en la boca, aunque no siempre sea algo evidente.
Lo que está claro es que disfrutar de la comida implica poder hacerlo sin tener molestias, sin sensibilidad y sin la sensación incómoda que se produce cuando aparece algo frío o dulce que toca nuestros dientes.
No solo se trata de lo que se come, sino de cómo se hace
Algo que hay que hacer antes de entrar en materia y hablar de las dietas es comenzar hablando de que la frecuencia y la manera de comer son algo que influyen tanto como el propio alimento que se toma.
No es igual tomarse un postre después de haber comido que picar cosas dulces durante toda la tarde. Tampoco es lo mismo beber un refresco de golpe que dar sorbos durante horas. Esta clase de costumbres lo que hacen es mantener la boca en un estado constante de acidez que no es nada bueno para nuestro esmalte.
Lo que ocurre es que en muchas ocasiones pasa desapercibido porque es algo que no va a generar dolor inmediatamente, pero con el paso de los años es un desgaste que se nota.
El azúcar continúa siendo el problema más importante
Aunque pueda sonar algo repetitivo, lo cierto es que las dietas que cuentan con un elevado contenido en azúcares simples son un caldo ideal de cultivo para la aparición de las caries.
Las bacterias de la boca se alimentan de este tipo de azúcares y se van a generar ácidos que lo que hacen es atacar el esmalte y cuando la situación se repite varias veces diarias, el daño se va acumulando.
Algo que es curioso es que actualmente no siempre se identifica bien dónde está el problema. Mucha gente lo que hace es reducir los dulces “evidentes”, pero se van introduciendo otra serie de productos que nos pueden parecer más sanos como los clásicos zumos, yogures de sabores, cereales, barritas, y el efecto que se causa es parecido.
A veces es hasta peor, porque se consumen más veces diariamente y esto es realmente importante.
Las dietas sanas, a veces no solo son tanto para los dientes
Justo aquí es cuando comienza lo verdaderamente interesante. Existen costumbres cada vez más populares y que pueden tener muchos beneficios a nivel general, pero que no son tan buenas para la salud dental.
Hablando con los profesionales de HQ Tenerife sobre salud dental y las dietas, nos daban un ejemplo: el agua con limón en ayunas. Bastante gente lo incorpora como rutina diaria, pero el problema que tiene es que el ácido cítrico es muy agresivo para el esmalte cuando se consume a diario, y especialmente si no se toman algunas precauciones.
Esto también sucede con las dietas que son ricas en cítricos, vinagres o algunos alimentos fermentados. No podemos decir que sean “malos”, pero sí es cierto que la exposición de forma constante a los ácidos va debilitando el esmalte progresivamente.
El problema es que es algo que se nota inmediatamente. No existe una clara al principio. En ocasiones, lo primero que aparece es la sensibilidad, o ese cambio en el color del diente que no se sabe bien de dónde proviene.
Las dietas vegetarianas y veganas: más complejas de lo que parecen
Las dietas que se basan en los vegetales se asocian con la salud y en muchos aspectos lo son, pero todo tiene matices. Por una parte, incluyen alimentos ricos en fibra que estimulan la saliva. Esto es algo positivo, ya que la saliva lo que hace es proteger, limpiar y ayudar a que se mantenga el equilibrio en la boca.
Lo que también es habitual es que exista un consumo mayor de frutas, bastantes de ellas ácidas, o de alimentos que se ingieren frecuentemente durante el día, lo que puede llegar a generar este entorno ácido que comentábamos antes.
Cuando la dieta no se planifica bien, sí que es cierto que pueden llegar a aparecer déficits de algunos nutrientes. Esto no es solo un tema general de salud: las encías, debemos saber que son muy sensibles a las carencias de carácter nutricional. No estamos ante un problema de la dieta como tal, sino de cómo se lleva.
Dietas hiperproteicas: menos azúcar, pero no todo es perfecto
En la actualidad, las dietas que son altas en proteínas han logrado ganar bastante popularidad, especialmente entre las personas que quieren perder peso o que quieren mejorar su rendimiento físico. Algo que tienen a favor es que se reduce mucho el consumo de azúcares, algo que para los dientes es magnífico.
Aunque también tienen algo de lo que se habla menos. Muchas personas que optan por este tipo de dietas suelen experimentar sequedad en la boca. Aunque pueda parecer algo que no tiene importancia, lo cierto es que no lo es. Se puede decir que la saliva es un tipo de defensa natural. Cuando se reduce, lo que pasa es que la boca se expone a las bacterias y a determinados problemas como puede ser el mal aliento o la acumulación de placa.
Los productos clásicos de estos tipos de dietas, como por ejemplo los snacks de proteínas, se quedan por más tiempo adheridos a las piezas dentales y esto no ayuda nada.
El ayuno intermitente y su efecto curioso
Sin lugar a dudas, el ayuno intermitente tiene un efecto algo contradictorio. Cuando se reduce la cantidad de comidas, también son menos las veces que los dientes se exponen a ácidos o a azúcares. Esto es algo que puede jugar a nuestro favor.
Por otra parte, existen personas que, cuando realizan el ayuno, notan cómo su boca está más seca. Lo cierto es que se vuelve a lo mismo, hay menos saliva, pero mayor vulnerabilidad.
No debemos olvidar que, cuando llega el momento de comer, no siempre lo hacemos de manera tranquila. En ocasiones concentramos bastantes calorías en poco tiempo, algo que tampoco es lo ideal si después no existe una buena higiene.
Las bebidas: un detalle que se nos escapa
Existe un punto de gran importancia en el que a veces no reparamos: lo que se bebe.
Los refrescos, bebidas energéticas, café con azúcar, zumos, etc., todo tiene un impacto bastante directo en la boca. No hablamos solamente del azúcar, también de la acidez.
Hasta las bebidas que pueden parecer inofensivas, como los zumos naturales, pueden acabar siendo muy agresivas si los consumimos de manera habitual. Otra costumbre muy habitual es estar con esa bebida durante horas mientras se trabaja. De esta forma se mantiene el contacto constante con los dientes, y ello al final pasa factura.
Pequeños gestos que ayudan más de lo que parece
Eso sí, no todo depende de cambiar la dieta totalmente. Existen pequeñas costumbres que marcan mucho la diferencia. Cuando bebemos agua después de comer, esto ayuda a que se limpie y equilibre el pH. Se recomienda no cepillarse justo después de consumir algo que sea ácido, ya que el esmalte está mucho más sensible en este momento.
Después hay que hablar de los básicos, como mantener una adecuada higiene diaria y de las revisiones periódicas.
No es algo que tenga demasiado misterio, pero la verdad es que en muchas ocasiones lo descuidamos.
Comer bien también es cuidar la boca
Hay que tener en cuenta que esto no se trata de demonizar a determinados alimentos ni de que sigamos una dieta perfecta. Hay que entender que lo que se come tiene mayores efectos de los que pensamos.
En el mundo de la gastronomía es bastante habitual que se hable de la importancia del equilibrio, de disfrutar y de encontrar el punto en el que comer bien no significa renunciar a nada. La salud bucodental está dentro de este equilibrio, aunque no siempre se habla de ello.
Aunque cuides tu alimentación y pruebes cosas nuevas o sigas tendencias, no hay que olvidarse de que si en ese proceso comienzan a aparecer molestias en los dientes o problemas en las encías, es que algo no estamos haciendo bien.
Porque sí, puedes cuidar tu alimentación, probar cosas nuevas, seguir tendencias… pero si en el proceso empiezan a aparecer molestias en los dientes o problemas en las encías, algo se está quedando fuera.
Lo que es más curioso es que a veces no es necesario cambiarlo todo. Solo hay que ajustar algunas costumbres y ser más consciente y que no se dé por hecho que todo lo que es saludable, lo es en todos los sentidos.
Así que ya sabes, ahora te toca tener un poco en cuenta todo lo que hemos hablado y aplicarlo a tu día a día.